Jueves 21 de Septiembre de 2017
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Homenaje a Libardo Ardila

Por: Rubén Reyes Avendaño

 

Conocí a Don Libardo Ardila por una amiga que nos presenta en su casa antigua de chapinero. "Conozco alguien que habla de cosas raras, como tú”, me dijo Tania con una sonrisa. Recién descubría yo los frutos de las enseñanzas de Master Del Pei, por un libro que generosamente me regalaron, cuando Tania me habló de Don Libardo. Al ir a visitarle, me impresionó que las paredes de su sala estaban llenas de libros. Aparentemente era un hombre joven, pero Don Libardo frisaba los setenta años. Sin embargo, por su energía, la fuerza de su voz, la claridad de los ojos y la esposa de cuarenta años, se podía pensar lo contrario.

 

Don Libardo dedica su vida a enseñar matemáticas, lectura y escritura. Era maestro por vocación y creo un sistema para aprendizaje rápido de aquello que enseñaba. Soy un lector consumado y como digo yo, dediqué seis años de mi vida a la curiosidad de aprender cómo funcionan las personas (psicología). Yo he leído algo, pero este señor sabía mucho.

 

Cuando se refería a un término conocido o desconocido, rápidamente yo corría a indagar su significado, para verificar lo que me decía: no se equivocaba ni en precisión ni en aplicabilidad. Mucho de lo que expresaba contradecía mi formación científica, pero esto era un aliciente para indagar más para comprobar más, para establecer nuevas conexiones. Será que acaso lo no científico tiene cabida también para mejorar la vida de las personas?

 

Don Libardo decía muchas cosas, como por ejemplo que nuestra mente analítica no se equivoca y que nuestra mente reactiva nos hace actuar caprichosamente, y muchas veces en contra de nosotros mismos. También decía que la autocompasión era el peor mal que podía aquejar a un ser humano. Me acerqué con escepticismo a conocerlo y mi trato con él hizo fascinante mi contemplación de su sabiduría. Me dediqué a hacerle preguntas y cuando me retiraba a mi privacidad, anotaba y anotaba sus enseñanzas. Me sorprendía su conocimiento de ciencias ocultas, de psicología, de dianética (de la cual le oí hablar por primera vez a él).

 

Don Libardo murió hace dos años porque se cayó en la calle y se fracturó la cadera. Al estar en el hospital adquirió una bacteria que minó sus fuerzas para siempre. Fui a su entierro pero a la clínica no tuve tiempo. Nunca imaginé que nuestra amistad fuese a ser tan breve y descuidadamente pensé que teníamos muchos días por delante. Me quedé con las ganas de conocerle más a fondo.

 

Su esoterismo era misteriosamente efectivo. Asesoraba a personas en problemas, a quienes llamaba "mis alumnos". Las personas le buscaban para pedirle consejo y tenía una intuición preclara para ir a la raíz del problema y para describir eventos futuros sin acontecer, a veces con giros inimaginables. Lo cierto es que ayudaba a quienes seguían sus consejos, sin cobrar. Cada quién le daba lo que quisiera, si le nacía.

 

Don Libardo expresaba tener la capacidad de ayudar a prosperar a otros pero vivía la tragedia de no poderse ayudar a sí mismo. A mí me ayuda de una manera muy personal para ratificar mi ruta de vida y para tener confianza en mis dones personales. Me mostró que, en el camino de la práctica de lo que modernamente se llama coaching, es válido acudir al diálogo, al poder de la palabra, pero que también es válido revisar los hábitos de las personas y sugerirles prácticas integrales más saludables, a la usanza de los médicos chinos.

 

Don Libardo integraba astrología, mentalismo, pirámides y otras muchas cosas más que desconozco, pero siempre con resultados sorprendentes. Era como asomarse a un abismo y mirar que no se ve el fondo. Tengo la esperanza de complementar mis notas acerca de Don Libardo con las experiencias de otros "alumnos" y de pronto, por qué no? escribir un libro acerca de tan impresionante personaje. ¿Conoce usted a Libardo Ardila, alguien cercano a usted le conoció? Si es así por favor escríbame a rubenreyes@puedoser.com Estaré orgulloso de poder atenderle.

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