Domingo 19 de Noviembre de 2017
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Coaching y sufismo

Por: Rubén Reyes Avendaño

 

Algunas personas celosas de los maravillosos efectos del coaching, parcelan su territorio mediante el velo de las certificaciones y en aras de su propia supervivencia profesional, contribuyen a aumentar el misterio sobre el Coaching para los no iniciados.

 

Algunos de estos cancerberos tal vez están motivados por supuestas y sustanciales ganancias futuras  (la verdad es que no conozco a nadie que se haga rico únicamente por la práctica cara a cara del coaching), otros, y espero sean la mayoría, les anima un apetito de autorrealización y de pasión por la enseñanza, que obviamente tampoco desconoce el valor del dinero dentro del bienestar humano.

 

Aunque es necesario certificarse como coach, no es suficiente para ser un VERDADERO coach. Uno de los retos actuales que enfrenta la industria del coaching, es el exceso de coaches certificados que no son exitosos en su práctica, paradójicamente, son corrientes los casos de excelentes coaches no certificados para quienes con una consulta copada, no resulta interesante certificarse en algo en lo cual son reconocidos maestros. Y ¿Acaso no hay testimonio mejor de una buena práctica, que el de aquellos clientes a los cuales su Entrenador ha contribuido significativamente a transformar sus vidas, para "certificar” su idoneidad como coach?

 

Una de las características del coaching que primero se enseñan, es la imposibilidad de someter su definición a una etiqueta precisa y limitante: se resiste a un molde y a ser “clasificado" (para pesar de muchos) como una escuela o moda pasajera. Estamos ante un fenómeno de síntesis y de antología de todo el saber humano relacionado con el poder del cambio personal.

 

El coaching es una sabiduría o "bon saber" que se transmite de maestro a discípulo sin imponer la propia filosofía; el coaching confía en el principio de que "el que prueba, entiende", por lo tanto, su campo de acción es la vida práctica.

 

El método es la metáfora, porque el estudiante debe interpretar los acontecimientos de su vida, el dolor, el sin sentido, la desilusión, para construir su propio entendimiento y aprender a navegar por este mundo con la plenitud de quien comprende. Al invitar continuamente al discípulo a "hacer para comprender", se cuestiona el saber intelectual como el sello único del conocimiento.

 

Pero no solo hay celosos de la práctica que colocan la escuela por encima del individuo, también hay otros practicantes quienes le atribuyen al coaching una independencia de la psicología y de otras disciplinas científicas, como si fuese algo nuevo, no visto anteriormente, pero aglutinado preclaramente por Thomas Leonard en 1980; las raíces del coaching se hunden en la psicología, pero esto será objeto de otro artículo futuro.

 

Este ensayo está dedicado a las sorprendentes similitudes del coaching con el sufismo:

 

El sufismo no tiene una fecha definida de creación pero sus orígenes se remontan cientos de años antes de cristo. El sufismo no es una secta ni doctrina, no tiene preceptos rígidos a seguir, por el contrario, respeta el libre albedrío de las personas y se guía por el amor, entendido como un paciente, acompañamiento de una persona a otra, en el camino hacia la iluminación singular del discípulo, en medio del paso del tiempo y de la presencia de la imperfección humana.

 

¿En qué creen los sufistas? Ellos creen que el hombre común al seguir los afanes del día a día se encuentra dormido. El sufi es aquel que está despierto a la realidad espiritual por encima de las metas, temores, sueños y ambiciones que dominan nuestras vidas diarias.

 

El saber súfico se transmite de maestro a discípulo no por lecciones, sino mediante el uso de la poesía (simbolismo) y el uso de preguntas para que el "enfermo" se haga a sí mismo el propio diagnóstico y con la ayuda de un respetuoso médico (el sufi) se auto cure, para los sufis cada individuo es el propio responsable de su crecimiento interior.

 

Los sufis fueron los primeros en concebir el concepto de evolución del ser humano, en un sentido espiritual y no solo biológico como posteriormente lo declarara Charles Darwin. El hombre se puede entender como un ser que luego de ser "niño", tiene la opción de convertirse -PODER SER- en un adulto plenamente maduro.

 

Los sufis se resisten a toda etiqueta o clasificación, no existen grados entre ellos y todas las personas son iguales. Ellos declaran que el sufismo es la SABIDURÍA SECRETA que está en el corazón de cualquier saber superior humano.

 

Sufismo y Coaching tienen muchas cosas en común. Tal vez la más importante sea el reconocimiento de las insondables posibilidades de crecimiento del alma humana.

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